Cuando este fantástico libro salió a la luz sin dudas que se convirtió en una sensación en el mundo de la economía, en él el francés Thomas Piketty, en conjunto con diversos coautores expone las tésis encontradas a través de 15 años de recopilación de datos en 20 países diferentes. 

Concluye que el sistema capitalista tiene una gran capacidad en la generación de riqueza, pero previene que no regula de forma automática el crecimiento de la desigualdad. Explica que no debemos guiarnos por la baja en la desigualdad en Europa Occidental y los Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial, sino que atribuye a estos una serie de sucesos singulares; el afán político de insertar un régimen tributario sumamente progresivo, la devastación del capital a causa de la guerra y unos decenios de auge económico extraordinario. En el porvenir, debido a la falta de políticas fiscales con la suficiente intensidad, Piketty prevé una subida en la desigualdad que quizás alcanzaría las elevadas magnitudes del siglo XIX.

Él inicia el debate exponiendo la importancia del capital. Explica que la relación entre valor del capital y renta nacional es inconstante con el transcurso de los años. Como se desenvuelve históricamente esta relación, está sometido a la tasa de ahorro y a la tasa de crecimiento de la economía (desarrollo de la productividad + desarrollo poblacional). Cuánto menor sea el crecimiento de la economía, con igual tasa de ahorro, mayor será el peso del capital.

Además un crecimiento en el peso del capital puede desembocar en un crecimiento del peso de las rentas del capital. Comenta que el punto importante es la elasticidad de sustitución entre capital y trabajo, dicho de otra forma, cuán fácil es suplantar capital por trabajo. Si esta elasticidad es mayor a uno, podría aumentar el crecimiento de la medida de capital en la economía más rápidamente que la disminución de la productividad marginal del capital, logrando así que crezca el peso de las rentas del capital. Piketty nos dice que esto es exactamente lo que ha pasado en las economías de occidente a partir de la década del 70.

Las rentas de desigualdad poseen una tendencia a tener menos repartición en relación a las rentas de trabajo, por lo cual esta variabilidad afecta directamente el nivel de desigualdad dentro de una sociedad. 

Piketty nos dice que en la posteridad como se desenvuelva la desigualdad estará sujeto a la evolución de la tasa de retorno de capital y del crecimiento de la economía. Advierte que en poco más del último medio siglo la tasa neta de retorno del capital ha rebasado a la tasa de crecimiento, y si no tomamos medidas para que cambie, la desigualdad podría alcanzar los números del S XIX, así retornando el “capitalismo patrimonial”, dónde las enormes fortunas son producto de herencias.

Aún así plantea que el futuro dependerá de la misma forma de economía así como política y las medidas impositivas que sean adoptadas por las sociedades. Como solución él plantea un impuesto a la riqueza, aplicado a escala global, aunque parece un tanto distante de donde nos encontramos.

Fuente: Bagues, M. 22/04/2014. El Capital en el siglo XXI. https://nadaesgratis.es/bagues/el-capital-en-el-siglo-xxi

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